ACADÉMICO: Sobre símbolos, signos, mitos y logomítica

Sobre símbolos, signos, mitos y logomítica.

Brenda L. Ayala Berríos
Antropología de la Comunicación
Prof. Lluís Duch
Universidad Autónoma de Barcelona

 

La antropología de la comunicación se encarga de analizar los lenguajes implícitos y explícitos del ser humano. Los antropólogos centro-europeos, quienes se interesaron sobre qué hacía al humano diferente al resto de los seres vivientes, son los que le dan especial atención a la valorización del uso del lenguaje: la capacidad que tenemos de empalabrar la realidad, las limitaciones que tenemos al momento de querer comunicarnos y cómo intentamos resolver estas limitaciones. Necesitamos expresar todo lo que sentimos y vemos, por lo que todo proceso que lleve a cabo una persona es empalabramiento. Sin embargo, al pasar el tiempo y con el surgimiento de sociedades más complejas, este proceso se vuelve cada vez más complicado y los vacíos ante todo lo que no tenemos acceso, más abismales.

El ascenso al poder de los burgueses en Europa entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX, marca el momento en el que el ser humano comienza a vivir día tras día diferentes mundos: la familia, el trabajo, los amigos, etcétera. Todo se divide y cada mundo tiene su lenguaje el cual es incompatible al lenguaje de otros mundos, lo que implica unos cambios notables en la conducta y comunicación de las personas. Entonces la capacidad del ser humano de empalabrarse a sí mismo y lo que ve, se encuentra enredado en una enorme urdimbre de diversos lenguajes que incluye todas las formas de expresión que van desde la mera palabra y los gestos hasta la ética y la moral. A esto se suma las diferencias entre civilizaciones o pueblos que, aunque estructuralmente son todos iguales, culturalmente se diferencian considerablemente ampliando así las posibilidades de comunicación y entendimiento. Sin embargo, a pesar de tener numerosas formas de expresión, el humano sigue siendo un ente deficiente, incapaz de conocer absolutos o definiciones últimas que puedan explicar cada detalle de su realidad. Debido a su condición finita, depende de la creación de símbolos y mitos que lo ayuden a llenar esos vacíos de incomprensión sobre su existencia. El uso de símbolos es algo que ha trascendido todas las generaciones de todas las civilizaciones, convirtiéndose así en una marca única e irrevocable del ser humano.
El elemento más importante dentro de esa limitación, y suplicio ineludible del humano, es la contingencia. Esta se entiende como lo absolutamente no disponible para él, que no puede adquirir sentido y que jamás podrá solucionarse, como la muerte, el mal, el origen de la vida, etcétera. Estas circunstancias lo llenan de temor o deseo y, en la imposibilidad de poder comprenderlas a plenitud, crea símbolos que lo ayuden a sosegar su inmutable condición. Esta capacidad simbólica legitima el querer y no poder del ser humano, en el que experimenta sus límites, pero quiere superarlos a toda costa.

1. Los símbolos y signos
Los símbolos son productores de sentido; un intento de explicar algo a lo que no se tiene acceso por las limitaciones del ser. Tienen precedentes antes de lo humano pues se han heredado a través de generaciones desde la existencia de este. Estos se caracterizan, como bien dice Paul Ricoeur, por la condensación de un discurso infinito. Debido a la ambigüedad del ser humano, este se encuentra en un estado de inacabamiento gramatical en el cual no existe punto final que concluya la interpretación de una o varias realidades. Los símbolos son los que ayudan al ser humano a poner un contenido provisional a este inacabamiento gramatical. Sin embargo, no proveen una definición final a lo simbolizado, por lo que cualquier símbolo lleva consigo interpretaciones interminables, una detrás de otra sin la esperanza de vislumbrar un final. Sobre esto trata el orden simbólico: están los simbolizantes que son materiales simbólicos, realidades palpables, y los simbolizados que es el final a donde querría llegar este orden… cumplir el deseo de comprender lo incomprensible. Sin embargo, si este deseo se cumpliera, el símbolo se anularía y pasaría a ser un signo. Por tanto, los símbolos se caracterizan por la equivocidad, el pluralismo.

Los signos, a diferencia de los símbolos, se caracterizan por la univocidad: solo tienen un significado y este se ha establecido por convencionalidad. Por ejemplo, el color verde del semáforo les indica a los conductores que continúen. El hecho de que el color verde se haya elegido sobre cualquier otro color para representar que alguien puede continuar su camino sin detenerse, se ha instaurado socialmente sin oposición. Además, este no tiene ningún otro significado: no significa que disminuyas la velocidad, mucho menos que subas el volumen de la música del coche… se limita meramente a indicar que avances, que sigas el camino sin detenerte. Entonces, el signo en contraste con el símbolo, tiene una única respuesta a la pregunta formulada y estamos satisfechos con ella. No reta a nadie, ni levanta sospechas; a diferencia del símbolo que pone en cuestión la estabilidad del sistema por su carácter ambiguo.

Los signos están vinculados con la presencia. Esta siempre representa algo disponible, por lo tanto, puede ser acotado por medio de una definición. A diferencia de los símbolos que se vinculan con la representación, y encarnan el deseo por algo que está ausente. Si hay presencia, no se necesita representación pues toda representación es síntoma de ausencia y, por tanto, deseo.

El símbolo pone de manifiesto que el ser humano es una coincidencia de opuestos: no es completamente malo ni completamente bueno; no es puramente racional ni puramente emocional. Fuera de lo simbólico, no hay humano. Al igual que los símbolos, somos indefinibles, sin final hermenéutico que nos ayude a comprendernos del todo. Va recibiendo interpretaciones a medida que pasan las generaciones. Por ejemplo, ‘lo clásico’ es un término que ninguna generación ha agotado sus definiciones. Lo clásico se mueve entre la continuidad y el cambio: por un lado pretende significar lo mismo, pero por otro lado, se le atribuye a elementos diferentes.

A pesar de la misión imposible que tienen los símbolos de buscar definiciones provisionales a elementos ausentes para el humano, al final puede resultar en algo posible en especial cuando respecta a la salud física y mental de este, pues también sirve para empalabrar el dolor (en situaciones médicas) y el mal que le asecha.
Con los símbolos se establece una alianza gramatical entre el deseo, la palabra, y la imaginación: gracias nuestra capacidad para generarlos nos permite llenar los vacíos e incertidumbres que nos asechan.

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