Nota vieja

Han pasado sobre 19,353,600. . . . . . . . . . segundos desde la última vez que rocé mi cuerpo con otros cuerpos. Todos los días son iguales. O, tal vez, es un solo día, el mismo, bien repetitivamente largo. 

 

Puñeta.

 

61.20% del 2020 mirando una (jodia)pantalla.

 

Sentadilla, escuchando house mientras redacto anuncios que me hacen llorar.

 

Pero pagan las cuentas.

 

Ensorrá, ensimismá, encabroná. Truman Being John Malkovich Show. Crisis existencial. ¿Para qué soy? Yo existo, yo existo, yo existo… me repito para sacar a pasear mi espíritu un ratito. 

 

Pero hoy fue diferente.

 

El mix estaba tan bueno que cerré mis ojos y me puse a bailar. O más bien, masajeaba mis nalgas en una silla diseñada para cenar, no para trabajar. El mix estaba tan bueno, que aún mi tinitus grita de alegría por haber subido el volumen a to jender. El mix estaba tan bueno, que en la noche de mis pupilas, logré viajar a través del tiempo.

Te lo juro. Ahí estaba. En múltiples paris a la vez. 

Esa noche en Vintrash. Esa noche en Sónar México. Esa noche freestyle ¡brrr! Esa noche mega loca en Miami. Esa noche más loca todavía en Bossa Nova Civic Club. Esas noches darks en Barcelona. Esa noche en Sines. Incluso esa noche en Sarajevo, donde bailé turbo folk hasta la casi inconsciencia mientras me susurraba sin parar: Pekara Kovači, Pekara Kovači. Las dos palabras más importantes de esa noche, las que no debía olvidar pese a las alucinaciones de la rakija, puesto que los taxistas no entendían ninguno de mis idiomas. 

Viajé a través del tiempo y el espacio, a una dimensión especializada en raves. Todo era uno y era todo a la vez.

Y se me subió una nota vieja, de esas que te recuerdan ESA noche donde todo el mundo era tu amigo, especialmente el DJ y la tipa del baño. ¿Cómo se llamaba ella? Nunca supe, tampoco necesitaba saberlo para amarla. 

Se me subió una nota vieja mientras me veía rozando mi cuerpo con otros cuerpos en slow motion, sudando al ritmo del UNTS UNTS UNTS, moviendo mi cuerpo de una manera que mi abuela no entendería. Se me subió una nota vieja, y fui feliz, porque bailaba con mis amigues en todas partes, pero en la misma silla dura, en esas noches, pero en este marrrdito tiempo. 

Aunque me quiebre la cadera voy a seguir bailando el house, me dije mientras recordaba la canción del chileno, mientras me vivía ese supercabrón rave multidimensional, mientras me cegaban los lasers de aquellas discotecas paralelas, mientras respiraba el humo d’embuste de aquel festival existencial. Qué éxtasis tan cabrón me dio esa nota vieja. 

 

Pero abrí mis ojos… y lloré. 

 

Depresión pospari.

 

Seguía frente a la (jodia)pantalla.

 

Puñeta.

 

Ensorrá, ensimismá, encabroná. Truman Being John Malkovich Show. Crisis existencial. ¿Para qué estoy? Yo existo, yo existo, yo existo… 

 

Pero al menos hoy, fue diferente.