ACADÉMICO: La nada como fuerza creadora

La nada como fuerza creadora: reflexión sobre autores del NO.

Brenda L. Ayala Berríos

Filosofía de la comunicación

Prof. David Vidal

Universidad Autónoma de Barcelona

 

Ficticias o no ficticias hay situaciones en las que surgen fenómenos explicables e inexplicables que afectan al ser humano de forma aleatoria y sin previo aviso. La Peste del Olvido en Macondo, la epidemia de la risa en Tanzania[1], la Peste Bubónica en Europa, la perdida de los sentidos en la película Perfect Sense[2] y, aunque no necesariamente tan dramático como los sucesos anteriores, grandes autores que se negaron a seguir escribiendo, “gente paralizada ante las dimensiones absolutas que conlleva toda creación”[3].

Este extraño fenómeno parece que ha ocurrido desde siempre. Floreciendo en ciertas épocas más que otras, tiene explicaciones tan variadas y absurdas que parecen retar al sentido común de quien las escucha. Muchas, sacadas “de la manga” en lo que parece ser un pésimo intento de improvisación, parecen esconder las verdaderas razones por la cual estos decidieron dejar de escribir.  El escritor catalán, Enrique Vila-Matas, reúne una serie de escritores del NO en su libro “Bartleby y compañía” de los cuales me interesa resaltar algunos de ellos.

El escritor mexicano, Juan Rulfo, dijo que dejó de escribir porque su tío Celerino había muerto y era él quien le contaba las historias. También comentaba que hasta los marihuaneros publicaban libros y que, en vistas de que había tantos libros raros, él prefería hacer silencio. Felipe Alfau, emigrante catalán en Nueva York,  culpó el haber aprendido inglés como precursor de su silencio. Según él, el idioma lo confundía y lo había sensibilizado ante asuntos que antes no le importaban. Robert Walser decía sentirse un mero copista (¿copista de quién?) y el mismo Enrique Vila-Matas dice que un incidente con su padre, en el que lo obligó a  escribir una nota de disculpa que él le dictaba, lo traumó tanto que dejó de escribir por 25 años… hasta que decide escribir el libro al que hago referencia en este ensayo. Sin embargo, este no es más que notas al pie de página de un texto invisible[4].

Otros autores han justificado su silencio con razones más sensatas.  El escritor español Pepín Bello, parece haber sufrido una sobredosis de humildad pues decía que él no era nadie, que nunca escribió nada con intensión de publicar. El ensayista francés Joseph Joubert, buscaba –y no encontraba- las condiciones perfectas para escribir. Y así por el estilo, menciona una plétora de personajes reales y ficticios (Marcel Maniere, Clèment Cadou, Roberto Moretti, María Lima Mendes, etcétera) que le dieron la espalda a la escritura por razones diversas.

Pero de los autores a los que Vila Mata refiere el que mejor se excusa –a mí entender- ante su silencio es Oscar Wilde: “Escribí cuando no conocía la vida. Ahora que entiendo su significado, ya no tengo que escribir. La vida no puede escribirse; sólo puede vivirse”[5]. Wilde dedicó los últimos años de su vida a

[…] conocer otros placeres, conocer la sabia alegría de no hacer nada, dedicarse a la extrema vagancia y al ajenjo. El hombre que había dicho que «el trabajo es la maldición de las clases bebedoras» huyó de la literatura como de la peste y se dedicó a pasear, beber y, en muchas ocasiones, a la contemplación dura y pura[6]

Vivir la vida a plenitud, o mejor, vivir la vida como si fuera una poesía, una obra de arte. Negando crear, para vivir.

Evidentemente una cosa es dejar de escribir por falta de idas, otra cosa es renunciar a ella aun cuando se tiene mucho que decir. O renunciar a escribir para dedicarse a otras manifestaciones creativas dentro de la rama del arte. Como el personaje inventado por Vila-Matas, Clèment Cadou, que se sentía como un mueble, incapaz de escribir algo, luego de haber conocido al novelista polaco Witold Gombrowicz. Cadou se dedicó entonces a pintar cuadros donde la figura principal era un mueble o una silla, llamando a cada una de sus obras “Autorretrato”.

Vila-Matas cita a Clement Rosset diciendo que “[…] en el terreno del arte, el hombre no creativo puede atribuirse una fuerza superior a la del creativo, ya que éste sólo posee el poder de crear mientras aquél dispone de este mismo poder pero, además, tiene el poder de renunciar a crear”[7]. Este rechazo a la creación se vio muy claro en el movimiento Dadá, aunque su negación a crear se logró a través de la producción e invención de una propuesta artística que revolucionaria las artes a como la conocemos hoy día.

El Dadá[8] comenzó a principios del siglo XX (c.1916) en Zúrich, Suiza, en reacción a la decadente situación política y social, consecuencia de la Primera Guerra Mundial, extendiéndose eventualmente a Berlín, Paris, Colonia y Nueva York. Algunas de sus figuras principales –escritores, poetas y artistas plásticos- fueron Hugo Ball, Tristan Tzara, Richard Huelsenbeck, Raoul Hausmann, Kurt Schwitters, Marcel Duchamp, Gerge Grosz, Max Ernst, André Bretón, Walter Conrad, Alfred Stieglitz, entre otros.

El argumento principal que defendía el Dadá era el de la negación completa a la situación que atravesaba el mundo, a la destrucción total del sistema para un nuevo comienzo en el Planeta[9]. Era un complejo de opuestos ya que aunque pretendían no hacer arte, lo hacían a través de él; eran nihilistas y a la vez no nihilistas; eran políticos (anarquistas y comunistas en su mayoría) y a la vez apolíticos, “[…] esta dualidad es demasiado simple y totalmente inútil frente un movimiento que tenía entre sus objetivos principales sabotear todo tipo de dualidad”[10]. Querían crear un gris frente al blanco y negro que predominaba en occidente. Eran, sobre todo, antiideológicos.

“Dadá es el juego de la nada metido en el corazón de la vida”[11] puesto que su coherencia y no coherencia crea un sinsentido interminable que se reduce a nada, pero a la vez todo “como si la potencia de la nada le estallara en las manos”[12]. Cuestionaron todas las manifestaciones artísticas y creativas[13]: estas eran vistas como innecesarias y dispensables para la vida humana. No reconocían ninguna teoría como válida y promulgaban la nada como fuerza creadora.

¿Para qué sirve pintar lo que sea? No por ello se dejará de matar, explotar, matar de hambre o engañar. ¿Para qué hacer arte? ¿Para qué hablar del espíritu si sólo hay un espíritu: el de la prensa que afirma «dibujad carteles para conseguir préstamos de guerra»[14]

La nada dadaísta más allá de ser nada, se presentó como inmensamente cargada de mensajes en el que predominaba la necesidad de un cambio, el de arriesgárse a vivir y dejarse llevar por la vida:

El dadaísmo formula una desparadojización concreta: la indiferencia creativa… es un mezclarse con el flujo de la vida, dejándose ir y a la vez haciendo saltar los obstáculos que impiden su avance. La indiferencia creativa sería la suma de la indiferencia activa + espontaneidad + relativismo. La desparadojización dadaísta consistiría en la práctica de hacer funcionar la palabra Dadá en el interior de la metafísica de la vida. La palabra Dadá, como es la falta de relación con todas las cosas (un sinsentido), tiene la capacidad de tener relación con todo… Dadá es la vida autoexpresándose[15]

La vida autoexpresada, la vida como arte, sin forzar nada, dejando que todo fluya de forma espontánea. Tal vez como los últimos años de Oscar Wilde, su vida transformada en su mayor obra. O como Vila-Matas se expresa sobre el poeta catalán Josep Vicenç Foix, quien dejó de escribir poesía luego de dedicar casi toda su vida a ello  “Poesía no escrita, pero sí vivida por la mente: un final bellísimo para alguien que deja de escribir”[16].

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[1] In 1962, a girl’s boarding school on the outskirts of a rural village in Tanganyika (now Tanzania) started an epidemic of laughter so contagious that it was written up as a case of “mass hysteria” in the Central African Medical Journal (1963).  Although well documented, no satisfactory explanation for the epidemic was given—although many hypotheses are offered in the show. https://humbio.stanford.edu/node/9124
[2] http://www.rottentomatoes.com/m/perfect_sense/
[3] Vila-Matas, E. Barleby y compañía. Barcelona: 2000. P. 12
[4] “Escribiré notas al pie de página que comentarán un texto invisible, y no por eso inexistente, ya que muy bien podría ser que ese texto fantasma acabe quedando como en suspensión en la literatura del próximo milenio” Vila-Matas, E. Bartleby y compañía. Barcelona: 2000. P. 13
[5] Wild, O. El arte de conversar. Girona: 2009. P. 110
[6] Vila-Matas, E. Bartleby y compañía. Barcelona: 200. P. 67
[7] Cita de Clement Rosset en Ibid. P. 96
[8] “Dada no significa nada. Si a uno le parece fútil y si uno no pierde el tiempo con una palabra que no significa nada… El primer pensamiento que revolotea en esas cabezas es de índole bacteriológica: hallar su origen etimológico, histórico o psicológico, por lo menos”. Tzara, T. Manifiesto Dadá (1918) http://www.udc.es/tempo/cuestions20/docs_dada02.html
[9] “Todo debe ser destruido (porque no hay nada que se justifique a sí mismo, que valga la pena defender…); todo es –en- vano (porque no existe nada por lo que luchar, que defender…)” Prólogo de Santiago López Petit. Correo Dadá (Una historia del movimiento dadaísta contada desde adentro). Madrid: 2011
[10] Ibid
[11] Prólogo de Santiago López Petit. Correo Dadá (Una historia del movimiento dadaísta contada desde adentro). Madrid: 2011
[12] Prólogo de Santiago López Petit. Correo Dadá (Una historia del movimiento dadaísta contada desde adentro). Madrid: 2011
[13] “El arte no tiene la importancia que nosotros, centuriones de la mente, le prodigamos desde hace siglos. El arte no aflige a nadie y aquellos que sepan interesarse por él recibirán caricias y buena ocasión para poblar el país de su conversación. El arte es algo privado, el artista lo hace para sí mismo; la obra comprensible es producto de periodista, y pues que se me antoja en este momento mezclar a ese monstruo con colores de aceite: tubo de papel que imita metal que uno aprieta y automáticamente vierte odio, cobardía, villanía. El artista, el poeta se regocija del veneno de la masa condensada en un jefe de sección de esta industria, es feliz cuando se le injuria: prueba de su inmutabilidad. El autor, el artista alabado por los periódicos, comprueba la comprensión de su obra: miserable forro de un abrigo con utilidad pública; andrajos que cubren la brutalidad, meados colaborando al calor de un animal que cobija bajos instintos. Fofa e insípida carne que se multiplica con la ayuda de los microbios tipográficos”. Tzara, T. Manifiesto Dadá (1918) http://www.udc.es/tempo/cuestions20/docs_dada02.html
[14] Santiago López Petit citando a George Grosz. Op Cit
[15] Prólogo de Santiago López Petit. Correo Dadá (Una historia del movimiento dadaísta contada desde adentro). Madrid: 2011
[16] “Comentando que la obra de Foix estaba clausurada para siempre, decía Gimferrer: «Pero en los ojos (de Foix), más serenada, late la misma chispa: un fulgor visionario, ahora secreto en su lava oculta (…) Más allá de lo inmediato, se presiente un sordo rumor de océanos y abismos: Foix sigue por las noches soñando poemas, aunque no los escriba ya”.Vila-Matas, E. Bartleby y compañía. Barcelona: 2000. P. 115

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