11-26

Me metí sin querer. Me habían dicho que cogiera la salida 4A, pero por andar perdido en el espacio, me la pasé. Cuando vine a ver ya estaba en el carajo, un carajo paralelo a lo que muchos considerarían el carajo, porque no soy de allí. Ya no podía hacer nada excepto dejarme llevar por los letreros de esa dimensión, y rogar porque mi instinto cosmonauta saliera a pasear conmigo y me sacara de ese hoyo maloliente. Y así me repetía: no mires para allá, no te metas por ahí.

Con los ojos bien abiertos y sin pestañear no lograba entender cómo en un espacio tan grande hubiese tanta nostalgia y oscuridad. Los edificios se imponían como astros machacados orbitando las avenidas, y aunque el termómetro marcaba 89°, todo se sentía frío. Apenas lograba ver por culpa de la prisa, y cada vez que trataba de enfocarme en algo, mi vista se perdía en el vacío. Y así, entre el miedo y la incertidumbre, encontré lo que no estaba buscando.

Luego de pasar el quinto semáforo, de la oscuridad comenzaron a brotar cuerpos celestes que me tentaban a quemarme en ellos. No importa en qué parte del limbo me metiera, seguían apareciendo luces, y con cada una que encontraba, más a gusto me sentía. Decidí bajarme del carro y caminar por allí, aunque una voz retumbaba en mi cabeza diciéndome que no lo hiciera porque era peligroso. Olvidé para dónde iba y de dónde venía. El carajo paralelo me gustó y ahora mi cosmonauta me repetía: mira para allá, métete por ahí. Y así pasé la noche, de la 11 a la 26, descubriendo lo ya descubierto en ese micro universo.

Relato curatorial y naming de la exposición para artista puertorriqueño André Marcel Pagán. Su trabajo explora el medio ambiente urbano cotidiano y banal. FOTOS

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